lunes, 13 de octubre de 2014
ENTREVISTA DANIEL GARCÍA, DIRECTIVO SINDICAL PETROLERO
viernes, 25 de mayo de 2012
SUPERFICIES RESBALADIZAS
Una parte importante de estos incómodos percances se produce en los desplazamientos de los trabajadores de un punto a otro de la empresa, ya sea para buscar una pieza, herramienta o documento, ir a los servicios, para transmitir una información, o cuando se incorpora o abandona el puesto de trabajo. Realmente no se sabe en qué momento puede ocurrir. Lo que debe hacerse es tomar las previsiones para que nunca suceda.
Dependiendo del tipo de actividad que se realice en la empresa, existe una gran variedad de suelos tanto internos como al aire libre: cemento, cerámicos, metálicos, de asfalto, madera, goma, etc. Por otro lado existe una serie de revestimientos antideslizantes como son el látex, el caucho, las resinas epoxis, el poliéster, el neopreno, etc. Los factores de riesgo, por lo tanto, pueden clasificarse en tres grupos: partes defectuosas de las superficies, entorno físico de trabajo y gestión y organización.
La falta de un dimensionado y diseño adecuado de los espacios de trabajo (vías de circulación, rutas de las maquinarias y sectores para desplazamiento de equipos, lugares de almacenamientos intermedios) es origen de muchos percances que pudieran ser leves o graves, según las circunstancias.
El estado de las superficies de trabajo puede estar condicionado por la presencia de productos derramados (líquidos en general, grasas, elementos viscosos, restos de alimentos, polvo, residuos diversos).
También hay que tener en cuenta elementos rodantes (piezas pequeñas, tuercas). Revestimientos antiderrapantes desgastados. Sobrecargas que poco a poco han hundido el pavimento, creando superficies desiguales; pendientes excesivas o no niveladas; deterioro de las rejillas de pequeños desagües.
Medios de enlace entre zonas de distinto nivel
Los medios de enlace entre zonas situadas a distinto nivel pueden afectar a la posibilidad de que se produzcan caídas debido a cambios súbitos de inclinación, tales como en las pequeñas rampas.
Elementos mecánicos
Los elementos mecánicos también pueden influir en la actualización de los riesgos reseñados, en particular destacamos las partes sobresalientes de maquinaria, equipos o materiales; tubos o conducciones instalados cerca del nivel del suelo, creando la posibilidad de tropezones.
El desorden
Piezas, objetos o mercancía colocados fuera de lugar o invadiendo lugares de paso. Herramientas dejadas en el piso. Cables, cuerdas o mangueras de alargo situados provisionalmente en zonas de desplazamiento. Materiales de recorte o desecho tirados en cualquier lado
Iluminación deficiente
La mala iluminación influye en el aumento de los riesgos por estar mal colocada o ser insuficiente, pudiendo crear reflejos, contrastes excesivos o zonas de sombras, etc.; ello hace que los problemas que puedan tener los suelos o la existencia de obstáculos se acrecienten al no poder localizarlos o apreciarlos convenientemente.
Señalización
La señalización inexistente o inadecuada de las zonas peligrosas, cruces, pasillos de circulación utilizando las normas existentes (forma, color...), zonas con limitación de altura, igualmente influyen en la continuidad de los riesgos indicados.
Precaución del trabajador
Sin duda un gran porcentaje de las caídas se deben a errores no intencionados, distracciones por existir objetos que obstaculizan en las proximidades de escalones, o correr innecesariamente, o por cuestiones diversas como son la edad, enfermedad, estado emocional, fatiga y visión deficiente. Otros motivos son, entre otros, la pérdida de equilibrio como consecuencia de que se produzca un ruido inesperado, puesta en marcha súbita de alguna maquinaria, empujones entre los empleados.
Qué hacer
Revisión frecuente y exhaustiva de las áreas de circulación. Presencia permanente de un vigilante para alertar en el caso de que haya problemas en superficies específicas y que no se hayan podido solucionar de inmediato, esto complementado con la señalización adecuada, principalmente con cintas de seguridad. Arreglo rápido de pisos irregulares, huecos y pequeños desagües. Alertar al personal de limpieza para que mantenga control constante en el mantenimiento de pasillos y áreas comunes. Instruir a los trabajadores para que, en el caso de derrame de líquidos durante la faena, notifiquen la eventualidad al departamento de mantenimiento, o en todo caso ellos mismos solventar la situación.
DOLOR DE ESPALDA EN EL TRABAJO
CUIDADO CON EL MONÓXIDO DE CARBONO
Al ser un gas asfixiante químico, reduce la habilidad de la sangre de transportar oxígeno. Al principio la inhalación del CO puede ocasionar dolor de cabeza, náusea, mareo, debilidad, respiración rápida, pérdida del conocimiento y en consecuencia la muerte. Altas concentraciones de CO actúan fatal y rápidamente en el organismo, sin presentar síntomas significativos de su presencia.
La exposición leve a este gas puede agravar enfermedades preexistentes del corazón y del sistema circulatorio. Si se sospecha envenenamiento por CO, transporte a la persona de inmediato al aire fresco, alejado de la fuente de emisión. El envenenamiento es reversible si se trata a tiempo.
Peligro inminente:
El gas CO penetra fácilmente. Es muy inflamable. Puede reaccionar fuertemente con el oxígeno, acetileno, cloro, flúor u óxido nitroso.
Los trabajadores con mayor probabilidad de resultar expuestos al monóxido de carbono son los soldadores, mecánicos, bomberos, operadores de motores diesel, conductores de montacargas, recolectores de peaje o trabajadores en túneles, policías, conductores de taxis, trabajadores en recepción y embarque de mercancías y personal de almacenes.
Para reducir las probabilidades de envenenamiento por monóxido de carbono en el sitio de trabajo:
Deben instalarse sistemas de ventilación que lo dispersen con facilidad.
Mantener en correcto funcionamiento los equipos que puedan producirlo.
No usar equipos propulsados por gasolina en zonas cerradas o áreas con mala ventilación.
Imprescindible la instalación de detectores de CO con alarmas audibles. Trate de mantener los detectores al menos cerca de cualquier aparato quemador de combustible, y bastante alejados de lugares con mucha humedad (como baños y cocinas) ya que la humedad suele provocar lecturas incorrectas. Controle las baterías de su detector con frecuencia, para que estén siempre en perfecto funcionamiento.
Informar a los trabajadores sobre las fuentes de emisión de monóxido, los peligros que se corren ante su presencia y los controles que podrían aplicarse para evitar males mayores.
En Estados Unidos, por citar un ejemplo masivo, las fugas de CO son responsables de aproximadamente 500 muertes por año y más de 15,000 visitas a la sala de emergencia. Sin embargo, como la intoxicación por CO suele no informarse, la cantidad de casos es probablemente más alta.
Detalles a tener en cuenta
La afección por monóxido de carbono no suele presentar gravedad si los niveles de su presencia en el organismo no superan al menos un 10 por ciento en el torrente sanguíneo, caso en el cual suele parecerse a un resfriado o gripe ligera. Los síntomas pueden incluir dolor de cabeza, fatiga, una leve confusión, respiración y ritmo cardíaco irregular, náuseas y ataques de tos
Cuando los niveles de CO superan el 20 por ciento, la intoxicación es generalmente fatal.
¿Qué hacer ante la sospecha de la presencia de CO?
Evacúe el lugar inmediatamente.
Llame a los entes encargados de cubrir estas emergencias.
ENFERMEDADES PROFESIONALES
GANDOLEROS EXPLOTADOS
miércoles, 2 de noviembre de 2011
EL EMBARAZO EN EL TRABAJO
Debe tener en mente que al momento de plantear su condición a su jefe inmediato, no solo debe considerar sus necesidades, sino también las de la empresa. Si es una trabajadora especializada tienes mayores posibilidades de lograr un mejor acuerdo que cuando hay otras personas sin carga familiar que pueden hacer su mismo trabajo.
Los llantos, el insomnio obligado y la responsabilidad de continuar con los quehaceres cotidianos se perfilan como la cara menos amable de la maternidad. Esta tensión la padecen muchas trabajadoras incluso desde las primeras semanas de su embarazo porque sienten cómo su salud empeora por las particularidades de sus cometidos laborales. No obstante, hay que advertir que embarazo y trabajo no son, por regla general, incompatibles. La única limitación deberían ser los factores de riesgo físico o psicológico tanto para sí como para el futuro bebé, así como la desmedida presión laboral que aún padecen muchas madres o gestantes. Si no se toman medidas ante estas situaciones, la suma de los factores puede desencadenar cuadros patológicos difíciles de contrarrestar.
La Ley ampara a la mujer embarazada en el ámbito laboral y tanto médicos como psicólogos insisten en la bondad de compatibilizar el tiempo de gestación con el trabajo. Muchos son los estudios que constatan que continuar con la rutina laboral contribuye a mantener tanto la forma física como la psicológica, pues ayuda a enfrentarse mejor al embarazo y a no estar pendiente en exclusiva de él. Además de mantener durante este tiempo un aporte económico regular, el trabajo supone una oportunidad para que la mujer se mantenga activa.
Riesgos en el trabajo
El desempeño de tareas físicas, los largos periodos de pie, los horarios rotatorios o nocturnos, los elevados niveles de estrés o exposición a sustancias potencialmente tóxicas pueden constituir factores de riesgo notables ante los que es necesario reaccionar si se perciben molestias o peligros importantes. El médico confirmará o descartará la influencia de esos riesgos.
En las últimas doce semanas de embarazo se aconseja interrumpir la actividad profesional. A menudo, en el último trimestre el esfuerzo se hace insostenible, incluso para las que desempeñan su trabajo en puestos de esfuerzo físico reducido. Lo habitual es que no tengan la misma capacidad de soportar largas jornadas laborales, bien sea por el grado de fatiga física, bien sea por fatiga emocional.
Algunos riesgos son evidentes, pero muchos suelen pasar desapercibidos, por lo tanto conviene que la trabajadora se informe en función de su puesto de trabajo. He aquí los riesgos más importantes:
FÍSICOS: Vibraciones, ciertos movimientos, posturas y desplazamientos, el manejo manual de cargas, el ruido, las radiaciones ionizantes y las no ionizantes, el frío y el calor extremos, la fatiga mental y la fatiga física. Odontólogas y trabajadoras del sector industrial son los puestos que mejor ilustran este tipo de riesgos.
BIOLÓGICOS: Destaca el riesgo de infección por virus de la hepatitis B, citomegalovirus, rubéola, toxoplasmosis, herpes y sífilis. Las profesionales del sector sanitario y veterinario, o mujeres que se dedican al cuidado de niños están muy expuestas.
QUÍMICOS: Fármacos para el tratamiento del cáncer y sustancias como el arsénico, el benceno, carbarilo, mercurio orgánico, dietilestilbestrol, gases anestésicos, hidrocarburos clorados, monóxido de carbono, plaguicidas organofosforados, sulfóxido de dimetilo, así como diversos disolventes, barnices, pinturas, metales y otros tóxicos están recogidos en la bibliografía médica como sustancias de alto riesgo para la embarazada. En las ocupaciones agrícolas, profesiones sanitarias y artesanales es donde se acumula mayor riesgo.
AMBIENTALES: Afecta a quienes trabajan en horarios nocturnos o rotatorios. En estos casos, y siempre que sea posible, se trasladará a la embarazada al turno de día.
PSICOSOCIALES: Entre estos riesgos destaca el trabajar con mucho estrés laboral y durante largas horas o en soledad.
ERGONÓMICOS: Trabajar siempre de pie, siempre sentada o en posturas forzadas.
Consecuencias
El riesgo de aborto espontáneo, de parto pre término (antes del fin del tiempo de gestación), de neonatos con malformaciones (labio leporino, paladar hendido o defectos del tubo neural), bajo peso o, incluso, muerte fetal, son algunos de los peligros que pueden suponer no asumir ni actuar frente a los riesgos descritos. Asimismo, la deficiente protección de la mujer embarazada en el trabajo no sólo puede acarrear estas consecuencias inmediatas, sino que también comprende un impacto más allá del periodo perinatal.
¿A quién se puede consultar?
Cualquier embarazada que sospeche que su situación laboral es perjudicial para su salud o la del feto debe consultar a su médico, quien determinará si precisa una suspensión laboral temporal.
Consejos a seguir:
Evitar esfuerzos, movimientos repetitivos o bruscos y levantar pesos.
Si trabaja sentada, es necesario levantarse y caminar cada cierto tiempo para activar la circulación.
Si trabaja de pie, hay que sentarse de vez en cuando para disminuir el grado de fatiga y caminar para que no se carguen las piernas.
Beber agua y tomar suplementos nutritivos siempre que sea posible.
No saltarse comidas por trabajo.
Pedir ayudas ergonómicas, como un alzapiés, una silla, etc., que ayuden a sobrellevar mejor posturas estáticas y movimientos repetitivos.
Evitar horarios nocturnos y extensos, y las horas extras.
Delegar, siempre que sea posible, las tareas estresantes.
Informar a la empresa acerca de la necesidad de mantener los controles ginecológicos.
Concederse tiempo para hacer estiramientos, ejercicios de relajación y de respiración.
